sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!

Con el Coro Rossini, de Bilbao



Ahí tenéis un buen racimo de villancicos populares en versión polifónica, interpretados por el Coro Rossini. Lástima que la imagen no sea buena y sólo haya una cámara, pero entre las cantantes creo descubrir a una de mis sobrinas predilectas.
(No tiene pérdida; es la más guapa)

jueves, 22 de diciembre de 2016

A don Javier Echevarría[*]

Escribí este artículo para Mundo Cristiano dos días después del fallecimiento de don Javier Echevarría. Habitualmente no cuelgo en el blog mis colaboraciones en esa revista hasta que salen impresas en papel. Esta vez haré una excepción. No esperaré hasta el mes de enero. Creo que cuento con el permiso de mis editores y con vuestra comprensión.
Mi e-mail de este mes está escrito deprisa, deprisa, con el pulso acelerado y con la pena clavada en el pecho. Por eso quiero que lo leáis ya.


Ser Padre


Queridísimo Padre, te he escrito muchas veces a la manera antigua, o sea, con papel y pluma. Hoy mi mensaje electrónico te llegará volando hasta el Cielo, y no tendré más remedio que tutearte como se estila con los bienaventurados.
Estoy en Molinoviejo, la primera casa de retiros del Opus Dei, que tan bien conoces, cerca de Segovia. Vivo en la zona antigua, junto al pequeño oratorio que consagró San Josemaría en 1948.
El pasado día 12, cuando me dieron la noticia de tu muerte, entré corriendo en ese oratorio para rezar un responso y hablar con el Señor de tantas cosas… ¿Tantas? La verdad es que no me salían palabras y enseguida elegí sumergirme en mis recuerdos.
Te vi por primera vez en esta misma casa. Era el mes de agosto de 1960. Tenías solo 28 años y lucías una cara de niño que contrastaba con tu sotana recién estrenada. Llegaste con San Josemaría y con el beato Álvaro del Portillo. Siempre estuviste a su lado, incluso desde antes de ordenarte sacerdote.
Ahora recuerdo tu sonrisa de medio lado, cierta guasa madrileña y una mirada atenta a cada detalle. Por lo demás, apenas me fijé en ti: mis ojos y mis oídos —igual que los tuyos— estaban fijos en el Fundador de la Obra.
Cuatro años más tarde volví a encontrarte en Roma. Eras secretario de nuestro Padre y te ocupabas de asuntos relacionados con el gobierno de la Obra. Tu enorme capacidad de trabajo, tu memoria fabulosa y, por encima de todo, tu fidelidad al espíritu del Opus Dei, te hicieron madurar muy pronto. Seguías siendo un chiquillo, pero tus espaldas y tu corazón ya estaban preparados para soportar el peso que Dios pondría sobre tus hombros. 
Te vi llorar en 1975 cuando San Josemaría se fue al Cielo, y también en 1994 cuando cerraste los ojos de Álvaro del Portillo. Todos sabíamos ya —seguro que tú también— que te iba a tocar llevar las riendas de la Prelatura. Así fue y, con  tu dirección, la labor de la Obra comenzó en Lituania, Estonia, Eslovaquia, Líbano, Panamá, Uganda, Kazakstán, Sudáfrica, Eslovenia, Croacia, Letonia, Rusia, Indonesia, Corea, Rumanía, Sri Lanka, Vietnam.
Pero ocurrió algo más: cuando fuiste nombrado prelado de la Obra, el Señor dilató tu corazón para que cupieran en él miles de hombres y mujeres. Ibas a ser padre de una gran familia extendida por el mundo entero. Y aceptaste la carga, y desde entonces no hiciste más que darte, que darnos tu persona a nosotros, tus hijos e hijas.
Es cierto que "Padre" es el nombre propio de Dios y que sólo Él puede ser llamado padre en sentido pleno: "a nadie llaméis padre vuestro sobre la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, que está en el Cielo", dijo Jesús. Pero San Pablo nos descubre que el Señor quiere que las criaturas sean participes de su paternidad. "De Dios procede toda paternidad en el Cielo y en la tierra", escribió el Apóstol. De ahí que la paternidad y la filiación humanas sean el mejor camino para entender y vivir nuestra relación filial con Dios.
Querido don Javier, querido Padre, el Señor puso sobre tus hombros una empresa paternal y maternal, una tarea gigantesca a la que has dedicado la vida. Has vivido una entrega abnegada y constante de padre enérgico, cariñoso, apasionado, entusiasta, recio, tierno,  amable y lleno de buen humor.
Te has ido gastando poco a poco y mucho a mucho. Te hemos visto envejecer, dejar tu vida a pedazos cuando recorrías docenas de países de los cinco continentes para estar cerca de cada uno de tus hijos e hijas. Esos viajes en los que a nada decías que no, y en los que dejabas agotados con tu ritmo a quienes te acompañaban: otra reunión, otra familia, otra tertulia, otra visita…, sin admitir el derecho a estar cansado.
Yo sé que has sufrido mucho durante tu vida y también que has sido muy feliz. La última vez que te vi no podías ocultar la huella cruel de los años. Pero conservabas intacta tu mirada de chiquillo, la sonrisa de medio lado y esa guasa madrileña que te has llevado al Cielo.    




[*]  Javier Echevarría Rodríguez (Madrid, 14 de junio de 1932 - Roma, 12 de diciembre de 2016), Obispo Prelado del Opus Dei,
Fallecido en Roma a los ochenta y cuatro años, el día de Virgen de Guadalupe.

martes, 20 de diciembre de 2016

El Villancico de Tajamar




Cuando llega la Navidad, Tajamar siempre nos regala un gran villancico. Yo aún tarareo de vez en cuando el estribillo del que propusieron el año pasado: "es de María".  Entonces me atreví a calificarlo de "insuperable". Me consta que don Javier Echevarría también lo cantó más de una vez.
Es año nos sorprenden con la versión navideña de un tema del grupo Morat. Fantástico en mi opinión. 


lunes, 19 de diciembre de 2016

El christmas de don Javier


Don Javier Echevarría había elegido esta imagen para felicitarnos la Navidad este año. 
Ayer por la tarde le envié un correo electrónico, que se publicarás a fin de mes en Mundo Cristiano y también en este globo, pero lamentablemente se me ha olvidado pedirle permiso para utilizar su christmas. Seguro que no le importará que lo emplee, a pesar de todo, para felicitar de corazón a los lectores que me van quedando y también a los que se fueron este año por culpa de mi escasa producción globera.
Nos encontraremos en Belén, amigos; no faltéis a la cita. El Señor solo nos pide que lleguemos con el corazón bien limpio y una sonrisa en los labios.
¡Feliz Navidad!


lunes, 12 de diciembre de 2016

El Padre ya está en el Cielo


Ha fallecido el Prelado del Opus Dei, el Padre; no sé llamarlo de otra forma. Acabamos de recibir la noticia y aún continúo aturdido. 
Estoy en Molinoviejo. He ido al oratorio de la casa antigua y no he sabido decir nada al Señor. Ni siquiera se me ha ocurrido rezar por él: sé que está en el Cielo. Se lo ha ganado entregándose por completo hasta el último instante.
He terminado dando gracias a la Virgen de Guadalupe, que hoy le ha entregado una flor como hizo con San Josemaría en 1975.

martes, 6 de diciembre de 2016

La travesía de Gelsomina. VI

Tormentas 


Un día el Ángel me dijo:
—Anímate, Gelsomina; ya hemos superado la mitad del trayecto.
—Para ti es fácil decirlo —le contesté—. Los ángeles vais de punta a punta del universo en menos que  parpadea una estrella, pero yo estoy hecha de otra pasta y me canso. ¿Sabes lo que pesa esta coleta plateada que me habéis injertado en la popa?
—Yo no lo sé, y tú tampoco. En realidad te quejas para que te haga caso. En cuanto veas a los Magos y ellos te reconozcan, te olvidarás de tus cansancios y volarás ligera como una mariposa presumida.
Tenía razón Gabriel. Lo que ocurre, en el fondo, es que soy una estrella habladora y necesito conversación de vez en cuando. Por eso le daba la lata al Arcángel cuando me aburría.
En ésas estábamos cuando aparecieron los meteoritos.
Una estrella de segunda clase, como yo, está acostumbrada a recibir meteoritos a todas horas. Una buena lluvia de rocas espaciales es siempre estimulante. Es como si te hicieran cosquillas. Pero aquello no era una lluvia, ni siquiera una galerna; había tal densidad de pedruscos que, por un momento, pensé que iban a acabar conmigo. Me quedé a oscuras en el centro de una nube opaca y sólida imposible de atravesar. Los meteoritos me golpeaban con saña por todas partes, y yo perdí la brújula y se me nubló la vista hasta tal punto que ni siquiera podía ver al Ángel. Entonces di un grito tremendo:
─¡Gabrieeeel!
Silencio absoluto. Por un momento pensé que mi aventura había terminado. Creo que estuve así, colgada en el espacio, al menos un año. Y cuando, por fin, se fue la tormenta no me quedaban fuerzas para reemprender la travesía. Así que decidí regalar mi estela de plata, buscarme un rincón confortable en el espacio y acomodarme allí por los siglos de los siglos.
Pero llegó de nuevo el Ángel.
─ ¿A dónde crees que vas?
Su voz sonaba dulce como una campanilla de plata; pero me hice la dura: la decisión ya estaba tomada.
─A descansar de ti, de tus planes mentirosos y de tus trampas. Me has metido adrede en un mar de meteoritos sólo para hacerme daño. Y luego me has dejado sola media eternidad. ¡Ya no puedo más; dimito!
Gabriel me miró con aire entre compungido y bromista:
─Verás, Gelsomina; cuando los Magos te descubran dentro de unos años, saldrán detrás de ti con las mismas ganas e ilusión que tú tenías al enterarte de la misión que Yahvé te ha asignado. Montarán en sus dromedarios, prepararán los regalos para el Niño y se pondrán en marcha sin perderte de vista un instante. Pero llegarán al desierto y, cuando menos lo esperen, se verán envueltos en una tormenta de arena y polvo como no ha habido otra en muchos años. Se quedarán a ciegos durante varios días y sentirán la tentación de regresar a casa, porque hay que estar muy locos para seguir a una estrella. Lo que tú has pasado con los meteoritos no es nada en comparación con el sufrimiento de los Magos por haberte perdido.
─Pero resistirán, ¿verdad?
─Sí. Ellos son más fuertes que tú, y más fieles, pero ahora los comprenderás mejor. Y entenderás que cuando buscamos sinceramente al Señor, la vida se convierte en una aventura maravillosa. ¿Y cómo podría serlo si no encontráramos obstáculos, oscuridad, persecuciones, batallas…?
─Gracias, Gabriel ─le respondí─; ahora estoy preparada.