lunes, 19 de marzo de 2007

Machismo, hembrismo y síndrome de Estocolmo

Busco la palabra “machismo” en el DRAE, y encuentro una definición breve pero precisa: “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. No hay más acepciones.

Reflexiono un instante, hago examen de conciencia y me reconozco inocente de este pecado capital. Es verdad que en cierta ocasión, fui acusado de machismo por sostener ante veinte adolescentes bravías que es de buena educación ceder el asiento a las señoras; pero entiendo que el Diccionario, al no penalizar dicha conducta, me absuelve de toda culpa.

“De acuerdo, concluyo,: ser machista es éticamente reprobable y además está muy feo. Me esforzaré en no ser déspota con el sexo opuesto.”

A continuación busco el término “hembrismo”, que, en buena lógica, sería lo contrario a “machismo”. Pero, ya se sabe, el lenguaje es como es, y “hembrismo” no viene en el diccionario.

Me dice Kloster que busque “feminismo”, y naturalmente lo encuentro, pero con dos acepciones que nada tienen que ver con la cuestión: “1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres, y 2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.”

Vuelvo a hacer examen de conciencia, y de nuevo me absuelvo de toda falta: soy feminista por convicción y por la cuenta que me tiene.

Pero, entonces, me digo, ¿cómo se denominaría una presunta actitud prepotente de las mujeres respecto de los hombres?

—Esa conducta no se da —responde Kloster elevando mucho el tono de voz—; por tanto no precisa de vocablo alguno.

—Ya. ¿Y se puede saber por qué hablas tan alto?

—Para que lo oiga mi señora. Hay micrófonos ocultos —me susurra—.

El hembrismo existe. Soy consciente de lo que me juego al decirlo; pero va siendo hora de hablar claro a mis cuarenta y siete lectoras.

Así, por ejemplo, IP, una intrépida navegadora de la red, defiende con entusiasmo la superioridad femenina en asuntos literarios, y asegura en este mismo blog que cuando, excepcionalmente un hombre escribe bien, es que es más inteligente que la media. Es más: excepcionalmente más inteligente que la media.

El problema del hembrismo es que afecta a los dos sexos, y quizá especialmente a los varones. Véase si no lo que escribe José Luis Olaizola, en “Mundo Cristiano”: las mujeres son mucho más fiables que los hombres a la hora de devolver el dinero. ¡Vaya por Dios! ¿Qué habría ocurrido si hubiese dicho lo contrario, o sea que son menos fiables? No quiero ni pensarlo. Probablemente habría tenido que hacer pública penitencia y disculparse ante el hembrismo dominante.

Y es que vivimos tiempos post-machistas y acomplejados en los que es perfectamente correcto defender que las féminas son más inteligentes, trabajadoras, alegres, constantes, sacrificadas y sensatas que los varones. Incluso he oído asegurar que conducen mejor. A los hombres nos encanta decir estas bobadas, porque padecemos un agudo síndrome de Estocolmo. Pero que nadie ose afirmar algo parecido de los machos. Uno ya no se atreve ni siquiera a sugerir que los chicos suelen ser más altos o mejores barítonos que las chicas.

—Mi querido amigo —interviene Kloster— me temo que estás entrando en un jardín lleno de plantas carnívoras y de difícil salida.

—Tienes razón. Y lo malo es no tengo tiempo ni ganas de matizar. Ahora debería hablar del “masculinismo”, que no es vicio sino virtud, aunque tampoco figure en el diccionario.

El masculinismo (o sea, lo contrario del feminismo) podría definirse como la actitud favorable a defender los valores y virtudes del varón, con permiso de las señoras, por supuesto.

Concluyo. Según el Génesis, Dios creo al hombre a su imagen y semejanza. Por eso lo hizo “macho y hembra” (así de rotunda suena la mejor traducción del texto): para que en la distinción de sexos se expresara también la imagen divina. Buena cosa será, por tanto, que enseñemos a las niñas a ser mujeres, no “tías” en el peor sentido de la palabra; y a los chicos, a ser hombres, no pardillos ni verracos.

—Difícil tarea, colega.

—En efecto, dilecto Kloster.

—¿Y publicarás esta bobada?

—Yo, lo que diga mi hermana Carmen, que es mucho más lista.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo soy mujer (bueno, dejémoslo en chica, por ahora) y estoy totalmente de acuerdo con usted.
Me suelen acusar de "bruta" o de "poco femenina" pero a mí siempre me parece que es por el "hembrismo" ése al que se refiere. Y por el contrario, me repatea que otros sectores definan como "mariconada" que a una le dejen pasar primero por la puerta.
Esto de llevar las cosas al extremo -tal y como ocurre a diario en este mundo- conduce a situaciones MUY ridículas y suelo reírme de ellas pero muchas veces, por no llorar... Qué manera de perder el tiempo pedaleando por sinsentidos...

E. G-Máiquez dijo...

Libre por pensar.

Anónimo dijo...

Si los hombres y las mujeres no fuéramos distintos el mundo sería aburrídisimo.

Anónimo dijo...

Tu crítica hermana (Carmen) te autoriza a publicarlo. Quizá de las cosas que más me llaman la atención en este asunto es que el feminismo radical (o como se llame) no haya logrado acabar con el penoso tema de que la mujer sea vista como objeto (en la publicidad, cine, etc. etc.): ¿qué opina Kloster de esto? Ya dijo Pascal, más o menos, que el ser humano es contradictorio y que sólo se entiende con los datos que nos proporciona la fe (cfr. el pecado original): ¿será verdad?

Enrique Monasterio dijo...

LO que tú digas, Carmen

El payaso triste dijo...

Me ha encantado el artículo. Da gusto el volver a casa después de un día duro y leer algo así. Me relaja, hace que -como decía mi abuelita- se me escape la risa por debajo de la nariz.
Conociendo a D. Enrique, me imagino su norisa mientras escribe estas letras, mirando por el cristal de sus gafas y admitiendo de forma sincera que "todo" es una genialidad: internet, los bloggs, los artículos, la gente a la que se conoce...
D. Enrique: ¡siga escribiendo! Yo no publico comentarios porque apenas se escribir, pero le leo todos los días.
¡FELICIDADES POR EL BLOGG!

Alberto Tarifa Valentín-Gamazo dijo...

Hola. He llegado aquí por un, al parecer, amigo común.
Acabo de robar la cita de Fontán, sencillamente genial. Espero que se me perdone, la he copiado en http://diariodeunperplejo.blogspot.com, donde sois todas y todos bienvenidas y bienvenidos. También los sois en mi blog nodriza, cambiaelmundo, naturalmente.
En fin, suscribo lo dicho en este artículo; pienso que en la realidad diaria las cosas son más sencillas, siempre que hay buena educación; todo se complica cuando nos ponemos a teorizar o, como sucede, cuando nos inunda la malaeducación.

Adaldrida dijo...

Buenísimo. Yo he hablado en mi blogg a veces de hombres, mujeres y poder, porque me parece que en torno a estas cosas hay muchos tópicos...