miércoles, 14 de marzo de 2007

A propósito del Via Crucis


Hace quince días estaba yo en el confesonario de una parroquia de Madrid, cuando observé que la iglesia empezaba a llenarse de gente. Era viernes, y aún faltaba casi una hora para el comienzo de la Misa. Me dije que tal vez habría un funeral; pero me llamó la atención que la mayor parte de los que entraban eran ancianos. Algunos, muy ancianos.

En pocos minutos se había concentrado un número insólito de personas. Poco después, desde el presbiterio, el párroco comenzó a dirigir el rezo del Via Crucis.

La ceremonia se desarrolló, como suele hacerse, rodeando el interior de la iglesia. Los fieles, acompañaban al sacerdote y se detenían frente a cada una de las catorce estaciones. Se arrodillaban, se ponían en pie, cantaban, volvían a arrodillarse… En un momento determinado me los encontré de frente, ante la quinta o la sexta estación, que estaba justo encima de mi confesonario.

Entonces pude ver sus gestos, sus miradas, el esfuerzo enorme —y el dolor en muchos casos— de cada una de aquellas genuflexiones

El confesonario no suele ser un mueble confortable. Pero me sentí avergonzado al darme cuenta de que, durante la última hora, me había quejado porque no lograba encontrar una postura razonablemente cómoda que me permitiera olvidar mis rodillas o mi columna.

San Josemaría, más de una vez, habló con gran respeto, y hasta con cierta “envidia”, de “esas viejitas que suspiran de amor en un rincón de su iglesia.”

Yo lo entendí mejor ese día. Y di gracias a Dios por aquellos ancianos piadosos, sabios y recios, que me miraban de frente y me recordaban que gracias a ellos este mundo se mantiene en pie.

1 comentario:

Anónimo dijo...

RELEVO

El comunismo nos hacía mártires en las catacumbas
el neoliberalismo nos entierra en nosotros mismos
entierra viva a la Iglesia dentro de sus iglesias
dentro de sus hermosos cánticos funerarios
y cuando la Santa Madre quiere salir a la vía pública
debe hacerlo en la forma de esas viejas limosneras
que mendigan a la salida de las iglesias
que pordiosean a la salida de sí mismas
cuando veáis esas viejas ciegas de amor a Dios
sabed que son la Santa Madre Iglesia
en la forma que ella toma a la salida de misa
a la salida de sí misma en la ciudad neoliberal.