viernes, 7 de marzo de 2008

Otras miradas




He entrado en la farmacia en busca del paracetamol nuestro de cada día. Hay una sola dependienta y un cliente. El cliente parece algo más joven que yo, tiene poco pelo en la cabeza, es de pequeña estatura, muy flaco y se mueve nervioso mientras saca un par de recetas del bolsillo y las coloca sobre el mostrador.

La dependienta va de estante en estante. Al parecer hay algún problema. Me mira y hace un gesto como para pedirme paciencia. Le contesto, también sin palabras, que no se preocupe: no tengo prisa.

Al fin están todos los medicamentos. La chica los envuelve, da algún consejo al cliente y lo despide.

En ese momento éste se da la vuelta y se percata de mi presencia y de mi uniforme. Me mira a los ojos y aguanta la mirada, que es fría como el viento que se ha levantado esta tarde. Yo, que no estoy preparado para estos duelos, trato de sonreír, pero mi gesto parece irritarlo más.

Sonríe también él con otro talante, mientras me examina despacio, de los pies a la cabeza, como quien estudia a un extraño espécimen. Para mí que le gustaría emular a Clint Eastwood en el papel de Harry el Sucio. Lástima que le falle la estatura.

Se me ocurren dos o tres ingeniosidades, pero los curas debemos ser pacientes.

De pronto agarra con fuerza el paquete y se va a toda velocidad. La chica, que ha presenciado la faena desde la barrera, me regala una sonrisa esplendorosa.

—No se preocupe. Él no es así. La culpa es de la política.

—Ya. La política... Dame una caja de gelocatil, por favor...


6 comentarios:

Juanan dijo...

Qué gente más rara.

c3po dijo...

Pues no va a ser culpa de la política, sino de la educación. Más concretamente, de la falta de educación.

Claro que, en esta tierra de nuestros pecados, a cualquier tontería del demagogo de turno le llamamos política. Cuando la política debería ser algo tan digno como lo es el regir los destinos de una nación. Casi ná.

Anónimo dijo...

Seguro que detrás de esa mirada fría se esconden muchísimos sentimientos...

Adaldrida dijo...

Los hay que no te perdonan ser lo que eres. Por ser vos quien sois... La intolerancia de los tolerantes.

DeLaCruz dijo...

Y bueno, el que tiene el problema definitivamente es él: Ahora debe "desenojarse" de lo qué sea que es lo qué le enoja.

aDios!

Marta Salazar dijo...

me imagino la escena perfectamente!

Espana, Espana...

cuando llegué a Alemania, una de las cosas que más me sorprendió (positivamente) es que, en las encuestas, los párrocos (indistintamente católicos y protestantes) estaban entre las 3 profesiones mejor catalogadas...

saludos!