sábado, 5 de abril de 2008

Un beso en la frente


Mañana por la tarde 30 chicos y chicas de segundo de bachillerato recibirán el Sacramento de la Confirmación. Mi colega José María, que dirige toda la ceremonia, nos ha llevado a ensayar a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, donde tendrá lugar el evento. Yo me he limitado a mirar y a dejarme llevar por los recuerdos.

En esta misma iglesia, hace veintitantos años organicé yo la misma ceremonia por primera vez. Tres párrocos han pasado desde entonces. Presidía el Arzobispo castrense, Monseñor Estepa, vecino de mi colegio y gran amigo, que acababa de salir de un infarto de miocardio y bromeaba con su salud.

—Enrique, ¿tú crees que sobreviviremos a la ceremonia?

—Espero que sí, José Manuel. En todo caso, si te da el telele, estoy dispuesto a continuar con el rito. En presencia del obispo sería válido.

—Sí, pero en presencia de un cadáver no vale.

Sentado en el mismo lugar de entonces, me parece estar viendo a cada una de mis alumnas cuando se acercaban a ser signadas en la frente. A la derecha del obispo, yo le iba soplando los nombres:

—Esta es Patricia…

—Patricia, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

—Amén…

El “amén” salía casi siempre flojito y un tanto desmayado. A continuación bajaban los escalones sonrientes y un poco más deprisa de lo previsto.

Gracias a Dios, don José Manuel Estepa no sólo sobrevivió a la ceremonia, sino que aún sigue en la brecha como Arzobispo Emérito.

Hoy, en el ensayo, he hecho yo las veces de obispo.

—Subid por orden hasta donde está don Enrique, dice José María.

—Ana, recibe por esta señal, el don del Espíritu Santo… (Silencio). ¿Qué se dice?

—¡Ah!, vale. Amén…

Salgo de la iglesia un poco antes que los demás, y sigo recordando a aquella primera promoción de alumnas.

La acción de la Gracia en el alma es un misterio, pero no por serlo es menos evidente. Alguna de aquellas alumnas leerán hoy esta entrada del blog. Son buenas cristianas.

Recuerdo que, en la catequesis previa, les insistieron mucho en el compromiso que asumían delante de Dios. La Confirmación, les dijeron, es un paso al frente, un signo de mayoría de edad en la Iglesia, una responsabilidad muy grande…

Yo, en la última clase, les dije que no se preocuparan demasiado:

—Vais a recibir mucho más de lo que entregáis. Dios no se deja ganar en generosidad. El Sacramento os dará fuerza, os ayudará a vencer. Es un regalo de Dios. Cuando el obispo os haga la señal de la cruz con el santo Crisma, Jesucristo mismo os besará en la frente y dejará grabado ese beso. Si sabéis corresponder, vuestra frente brillará siempre como un lucero.

No eran palabras mías. Las oí yo mismo a San Josemaría muchos años antes.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No se si fuera en la primera ronda o en otra, pero yo estuve en una de esas confirmaciones. Y este año ha sido, como comenté la de mi hijo mayor,Pablo. Aunque sólo tiene 11 años, las costumbres de esta tierra son así. Y ese dia cayó en diluvio, además de viernes de cuaresma. Yo pensaba que lo mismo que la lluvia que caía con rabia en esta tierra fértil, así estaba entrando el Espíritu Santo en el alma de esos 120 niños y niñas que recibían el Sacramento. Mi hijo Santi se quedó pensativo cuando se lo comenté, y añ cabo me preguntó: Que estarán sintiendo.... Como buen americano, los feelings van primero...

Anónimo dijo...

Me quedo con el último párrafo, Don Enrique. Se lo pasaré allos demás catequistas de 2º de Confirmación. Nos vendrá muy bienporque a veces creemos que todo depende demasiado de lo que les hemos explicado, de cómo han ido las sesiones de los miércoles. Y , a veces, nos olvidamos de que el Espíritu Santo se encarga de poner el 1 a la izquierda de todos los ceros que hemos acumulado durante dos años.

Gracias.

Juanan dijo...

"Alguna de aquellas alumnas leerán hoy esta entrada del blog. Son buenas cristianas." Jejejejeje.

¡Qué fresco tengo el recuerdo de mi Confirmación! Este mayo harán dos años, y ya no me acuerdo de qué pasó ni de las caras ni nada de eso. Sólo me acuerdo de que estaba muy contento y que me dolían las mejillas de sonreir.

Anónimo dijo...

Yo también estuve en una de esas confirmaciones! Me acuerdo como si fuera ayer!

Anónimo dijo...

¡Qué buenos recuerdos Don Enrique! Como madre de alumnas ,recuerdo aquellas ceremonias tan bonitas y emotivas y además doy fé que mis hijas son buenas cristianas.

Nuevepornueve dijo...

D. Enrique! no leí en fecha esta entrada... Yo estoy "casi" 100% segura de ser de la segunda "tanda" de las que se confirmaron en la Asunción.
Desde luego, fue con Monseñor Estepa (una hija de militar no olvidaría ese detalle)... y... como Ud es tan selectivo con sus recuerdos.... no recordará algo que a mí no se me olvida... Me tocó leer una de las lecturas y... al acabar y bajar las escaleras, antes de llegar a mi banco...¡¡¡Me pegué un tortazo y me caí todo lo redonda que era (y sigo siendo)!! Qué vergüenza...! No quería levantarme, para no mirar a nadie... (bueno, mas bien para que nadie me viera). Todavía recuerdo la cara de mi padre, riendose, desde arriba, en el segundo piso, asomado a la barandilla...
Y, gracias a Dios... también me acuerdo de mas cosas!

Anónimo dijo...

Dios no se deja vencer en generosidad, es una frase que tengo puesta en mi habitación y que me repito con frecuencia. Me ha encantado leerla en este articulo.

Gracias por el blog, es un gustazo leerle