sábado, 4 de abril de 2015

La Vigilia


Los soldados romanos, los que flagelaron a Jesús, los miembros del Sanedrín, los guardias y los sacerdotes del Templo, ebrios de vino y odio, duermen a pierna suelta, contentos de que haya terminado la orgía de sangre que acabó con la vida del Galileo.
Poncio Pilato se agita desazonado entre las sábanas de su alcoba. Herodes ya ha borrado de su memoria al Nazareno y ríe a carcajadas con los bufones de la corte. Caifás busca en los libros sagrados algunas palabras que puedan serenar su conciencia. Barrabás aún se pregunta por qué lo ha liberado Pilato, y bebe para olvidarlo todo.
Los once apóstoles sólo piensan en huir lejos de sus recuerdos. Como el sábado no les está permitido viajar, aguardan la llegada del domingo, adormilados otra vez, como en el Huerto de los Olivos.
Sólo María está en vela. Ella sabe que Jesús saldrá del sepulcro al amanecer lleno de gloria y majestad. Le gustaría cantarlo a voz en grito como un nuevo Magníficat o decirlo al oído, en secreto, a cada uno de los que duermen, y a sus amigas, las Santas Mujeres. ¡Si lo supiera la Magdalena…! Pero una vez más Dios le pide que guarde silencio, igual que aquel día en Nazaret.
Es noche cerrada. La Señora se abriga con un manto azul y sale de casa. Brillan sus grandes ojos negros como cuando era niña. Sus pasos resuenan sobre las piedras pulidas de la calzada romana. El silencio es absoluto. Jerusalén duerme.
—¿Adónde vas, Llena de Gracia?
La Virgen me sonríe. Ya no se turba por mi presencia. Tiene una cita esta noche y se ha puesto el vestido de fiesta. Aún faltan algunas horas, pero ella no quiere hacerse esperar. Jesús vendrá a la cita en punto para dar el primer abrazo a su Madre.
Ya llega la aurora por Oriente. La Señora se pone en pie, y yo, que estoy siempre a su lado, le canto al oído:
Regina coeli, laetare. Alleluia! Reina del cielo alégrate, aleluya, porque el Señor a quien has merecido llevar en tu seno, aleluya, ha resucitado según su palabra; ¡aleluya!
  

4 comentarios:

Antuán dijo...

Esta noche se hará realidad la alegría de la Pascua: La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ha valido la pena! Pensamos en todos los rincones del Mundo entero. Adiosle

Cordelia dijo...

:-)

Anónimo dijo...

Por más que intento no logro siquiera atisbar las primeras palabras del Hijo a su Madre. A lo más que llego es a
- ¿ves? Te lo dije, todo valía la pena.
Ella sonriendo y llorando:
- sí que valió la pena. Ahora tus hermanos son mis hijos porque tú me los diste.

Cordelia dijo...

Anónimo, yo no imagino mucho diálogo en esa escena. Más bien abrazos y lágrimas de felicidad y de consuelo.