martes, 2 de enero de 2018

A Lázaro de Betania

 Ser amigo


Querido Lázaro:
Dice el Evangelio de San Juan que fuiste amigo de Jesús; no discípulo ni pariente ni seguidor ni apóstol, sólo amigo. Seguro que te conformas con ese honor entre otras razones porque ser amigo de Dios supone poseer los demás títulos en grado máximo.
Eras el hermano menor de Marta y María; por eso te citan siempre en tercer lugar. Marta, una mujer hiperactiva, aparece en el relato de San Lucas desviviéndose por atender a Jesús en vuestra casa de Betania. María, en cambio, sentada a los pies del Maestro, escuchaba y contemplaba el rostro de su Amigo. Ese día aprendimos todos que algunas veces trabajar puede ser una forma de perder el tiempo y, en cambio, que cuando se mira, se escucha y se ama, se acierta siempre. Pero ésa es otra historia sobre la que tal vez escriba más adelante.
Cuánto me gustaría tener una conversación a solas contigo, querido Lázaro, para que me expliques cómo llegaste a ser amigo del Señor hasta el punto de lograr que viajara desde Perea a Jerusalén para resucitarte de entre los muertos arriesgando su propia vida cuando todos "le buscaban para matarlo".
Reconozco que a mí también me gustaría devolver la vida a algún amigo fallecido inesperadamente.  Un poeta español, Miguel Hernández, tuvo la misma descabellada idea. Lo cuenta en su elegía a Ramón Sijé, su compañero del alma, muerto "como el rayo" en Orihuela. Explica el poeta que querría "escarbar la tierra con los dientes, minar la tierra hasta encontrarlo, y desamordazarlo y regresarlo. Y termina su elegía con unos versos inolvidables: A las aladas almas de las rosas... del almendro de nata te requiero: que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.  
Yo querría ser "amigo" así, pero amigo del Señor, como tú lo fuiste. Aunque quizá no baste con querer. Lo que importa es que el mismo Cristo te reconozca como tal; es decir, que te escoja de entre la multitud —porque los amigos se eligen— y que, cuando te encuentres desnudo ante él para ser juzgado, te llame "amigo" y te trate como se trata a uno de sus predilectos.
He leído que la amistad es una forma de amor que suele darse entre personas afines, quizá entre compañeros de profesión o de estudios, o entre quienes comparten unos mismos ideales en la vida. Cuando dos personas aman a la par las mismas cosas y luchan por conseguirlas, es fácil que nazca entre ellos un afecto recio y sólido, no cimentado en suspiros o declaraciones de amor, sino en la fidelidad diaria a esos ideales comunes. Lo dice el propio Miguel Hernández de su amigo Ramón, "con quien tanto quería".
¿Es posible ser amigo de Jesús así? Cabría pensar que no. Quizá tenían razón los antiguos cuando afirmaban que solo entre "iguales" puede nacer una verdadera amistad; pero Cicerón añadía que, algunas veces, el afecto que une a dos personas de distinta estatura o dignidad puede nivelar las diferencias engrandeciendo al pequeño sin que el grande pierda un milímetro de estatura.
Tú, querido Lázaro, seguro que tuviste muchos amigos y amigas desde pequeño; amigos en el trabajo o en el estudio, amigos en tu aldea o en tu familia, amigos de tus amigos… Y, en la adolescencia, que es cuando nacen las amistades más sólidas y los amores más apasionados, compartiste penas, inquietudes, alegrías y sueños con unos pocos muchachos de tu edad. Hasta que un día conociste a Jesús.
Quiero creer que él fue uno de esos amigos; que jugasteis en Betania y en Jerusalén, que crecisteis a la vez ¿Estuviste con él en el Templo el día en que se escapó de la caravana y sus padres lo buscaron angustiados por toda la ciudad?
¿Qué cosas te contó el Señor en confidencia de amigo? Y tú ¿le abriste también tu alma? ¿Conociste a su Madre, la Virgen Santísima? ¿Hablasteis de Ella? ¿Cuándo descubriste que en Jesús había un misterio, un abismo infinito de amistad en el que podías sumergirte sin miedo?
Me gustaría ser tu amigo, querido Lázaro. Ya sabes: "los amigos de mis amigos son mis amigos", y yo quiero compartir contigo a ese Dios-Amigo que puede resucitarme cuando lo necesite.

11 comentarios:

yankee dijo...

Qué bonito, muchas gracias.
A todos los del globo os considero amigos, aunque no os conozca personalmente.
Feliz Navidad.

Cordelia dijo...

Gracias. De nuevo

goyo dijo...

Gracias por esta nueva maravilla.
Si hubiera coincidido contigo en carne y hueso Señor,además de muchas otras cosas subiría contigo de vez en cuando a la sierra y preguntaría mucho y hablaría poco.

Y a la bajada tomaríamos huevos fritos con chorizo en el Porrón de Valsaín

Antuán dijo...

La amistad no se improvisa. Es un regalo. Es un honor desde luego como dice usted d. Enrique.
Yo también quiero compartir verdaderamente esa amistad con Jesús. Tengo muchos amigos: una familia marroquí, son mogollón, musulmanes con las hojitas del Corán sobre la tele. He comido en la misma cazuela de barro lentejas y arroz. Otros ortodoxos... pero se Quien es mi verdadero Dios, mi Niño lindo estos días, mi mejor Amigo. No quiero perder ese vinculo con Jesús porque a veces me despisto con el trajín de los días y las tareas. Pablo Lopez cantaba esta mañana: Vete de mi casa, vete de mi vida. Ah! no ni hablar por lo que más quieras de la mía ¡Noooooooo! Anoche no me podía dormir: de olor a huevo frito y refrito de pollo al ajillo. Me lave y busqué algo de san Agustín: "soy un hombre pecador pero aún me queda esperar" Pues resulta que es Dios quien espera por si alguien no se atreve; hecho Niño. ¡Feliz año! Adiosle

Dorita dijo...

Buenas noches, hace mucho que no pongo palabra aquí, (aunque si le leo) con el peligro que no se acuerda de mi! Quiero desearle un prospero año nuevo en buena salud! Por twitter ni señal, aun así sabrá que la Lechuza ha sido elegido Ave del año. Que bien. Le dejo, tengo sueño, a seguir bien. Saludo de Dorita.

Papathoma dijo...

Yo también quiero.

Enrique dijo...

"Aquí nadie se reserva nada". Esto se vivía en Belén y en toda amistad. Por cierto, ¿Cómo se diría en latín? Hic nemo sibi reservat (?).

Blas de Lezo dijo...

La foto no tiene precio. Que majos! Y dispuestos a andarse toda esa carretera juntos

Fernando Q. dijo...

Impresionante Antuan

Cristina.V dijo...

Gracias don Enrique, da gusto leerle.
Estas Navidades no me ha quedado más remedio
que hacer de Marta, pero siempre con el ojo puesto
en el pesebre.

María Del Rincón dijo...

Muchas gracias por esta carta a un amigo, al amigo del Amigo. ¡Qué maravilla esa amistad que iguala y eleva hasta alturas desconocidas e inmerecidas! Qué sobresalto saberse llamado amigo de verdad y serlo.